La cuarta plaga de Egipto fueron los insectos, capaces de dañar personas y ganado. La Torá subraya que el enjambre sólo atacó a los egipcios, y que no afectó a la Tierra de Gosén (donde los Israelitas vivían). El Faraón le pidió a Moisés que eliminase esa plaga y prometió, a cambio, permitir a los israelitas la libertad. Sin embargo, después de que la plaga desapareciera, el Faraón se negó nuevamente a mantener su promesa.

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